14/2/2002
Hacía un mes que Francisco y yo nos conocimos. El me acompañaba a la salida del gimnasio en Alberdi, caminando hasta el puente centenario. Me gustaría decir que recuerdo cada palabra pronunciada en esas caminatas pero estaría mintiendo. No sé de que hablabamos, supongo que pavadas. Beso en la mejilla y adiós. Pero para ese día de los enamorados hacia una semana que no aparecía en el gimnasio, el sinónimo del actual gosthear en persona. Camine sola y me tome un trolebús para la casa de mi mejor amiga. Romina, que ya tenía una hija. Me miraba como yo, desconsolada ante tantos fracasos del amor, entre lágrimas le aseguraba que estaba maldita. Que nunca iba a encontrar el amor e iba a terminar sola. Sebastián no estaba más y ahí este nuevo prospecto tampoco. Estoy maldita- lloraba. Será que nadie me va a amar. Ella me miraba y con sus manos muy pequeñas me agarró las mias y con poca sutileza me dijo que deje de pensar pavadas. Que sabía cómo era todo con Sebastián y que porque me preocupaba tanto por el nuevo si yo había dicho que era una historia de verano. Era muy joven para verlo, pero el amor estaba ahí, en las manos de mi amiga, en sus palabras, en la presencia cuando seguro había cosas más serias en su vida. El amor está en los amigos dicen por ahí, y cuánta razón. Cuánta verdad. Yo sintiéndome no merecedora de amor y el ahí esperando ser visto. Esa noche llore y pedí por un amor en serio, que nunca me deje sola. En esas épocas la soledad no era está maravillosa paz que me acobija. Era un monstruo.
Días después Francisco fue al gimnasio solo a invitarme a salir. Y estuvimos juntos 15 años. Después de 9 años separados se que fue amor, a su modo. Al mío. Con demasiados desencuentros y mucha soledad. Pero de ahí conocí a tres amores que nunca me dejan sola. A veces pienso que el universo me escucho. Otras veces que estoy maldita, otras que no merezco tanto amor y otras que merezco un amor tan poderoso que el mundo esté a nuestros pies siempre que estemos juntos.
A veces pienso que ya lo encontré y lo deje ir. Algunos amores no son para siempre, algunos ni siquiera tienen el coraje de empezar y mueren allí, entre las Miles de palabras que el miedo no dejo pronunciar.
A mí amor...dónde estés...Feliz día.
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