Hamnet.
Hoy fui al cine a ver está película. Sin duda es de las que me ha llegado al alma de una forma que ni en los meses pos separación de terapia logró. Ahí estaban las palabras que durante años me negué a decir. Ahí estaba está mujer destrozada, en duelo. Tan rota en pedazos minúsculos que en esos momentos parece imposible que algún día pudieran volver a formar un todo. Esa mujer le reclama a su esposo que en el momento en que más lo necesitaba el no estuvo. Que no podía saber del dolor, de la agonía, de lo que ella sintió en su momento de mayor vulnerabilidad porque no estuvo. Su corazón, su amor hacia el desapareció porque el no tomo la decisión de estar y así cuando alguien se ausenta demasiado deja de importar. Y mi cabeza entonces se fue a una siesta con un hijo de 1 año, una de tres y el más grande de 5 todos llorando y reclamando por el terrible dolor del más pequeño por un bolo fecal y yo tratando de destruirlo con mis manos. Cuando el llegó horas después ya estaba solucionado. El no supo la desesperación, de verlos llorar al mismo tiempo, del reclamo. Pero lo principal, lo imperdonable fue con el primer certificado de discapacidad de mi hija. Hoy mientras veía la película me fui a la tarde de ese día en que lo único que quería gritarle era: vos no estuviste acá!!! Yo te amaba y vos me dejaste sola. Y llore. Llore por como deje de amarlo, llore por esa mujer que fui de 35 años que dejó de amar. Llore porque yo quería amarlo y su ausencia hizo que ya no importará. Llore porque acepte que hubo un tiempo en que fui vulnerable y nadie fue lo suficiente fuerte para sostenerme. Lloré porque a veces uno abre el corazón y la vida te obliga a cerrarlo y nunca volverlo a abrir.
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