3. La teoría de las no sillas

 


Recién conocía a Pablo y sin embargo todo me decía que era un nombre que no podría olvidar en toda mí vida. Unas horas de charla en la sede de ATE mientras esperaba a un chico que recién había visto por primera vez  en un congreso alternativo de comunicación. Y hablamos de Serrat, de su último trabajo. De cómo Pablo y yo éramos fanáticos. Y que nos gustaba la canción de Niño Silvestre ( lustrabotas y ratero ). Luego de eso nos fuimos con el chico con el que estaba que ya ni recuerdo su nombre al teatro griego a las 24 hs de arte. Y ahí lo volví a ver, bajando las escalinatas con un pantalón con tirantes y una polera blanca. Tenía una boina negra. Siempre pienso en la canción de Sabina “ te quedaba tan bien, esa boina calada al estilo del Che” Ahhh Pablo. Pregunté a todos por él en las siguientes semanas en los pasillos de la Escuelita de Comunicación Social. Nadie me podía asegurar cual Pablo era. Una tarde estaba enfrascada en una teoría de sociología, la teoría de las no sillas. Y no la entendía. Y de la nada se sentó al lado mío, me dijo que me veía preocupada si necesitaba una mano. Y estuvo más de 1 hora tratando de explicarme. El, un estudiante de comunicación de 4to año y de filosofía de 3ro sentado al lado mío con mis 18 años apenas cumplidos que seguía sin entender. En un momento, creo que ya exasperado ante mí dureza mental, suspiró y se fue abruptamente. Pensé que ya lo había hartado, que yo era tan inútil que se cansó de mí. Que fácil resulta pensar mal de uno mismo. A los 10 minutos volvió. Con un dibujo enorme de la teoría explicada paso a paso. Quisiera decir ahora que me la acuerdo. Pero no. Ya pasaron 22 años de esa tarde. Pero qué alta dejaste la vara, Pablo. Por eso será que recuerdo, que ropa tenías el día que te conocí. Por eso será que siempre vas a ser mí imposible.

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