19. Las cartas del viejo continente

 El alemán ( en realidad es argentino pero lo conocí estudiando alemán) ya tenia fecha para su viaje y yo iba por la vida diciéndole a todo el mundo con una gran sonrisa lo feliz que eso me hacia. El, el chico con el que pasaba horas en su depto, se iba quizás por seis mes, quizás para siempre. hacia ya unos meses que técnicamente ya no estábamos juntos, habíamos terminado esa historia y sin embargo nunca perdimos en contacto. A veces pienso porque una historia que debería haber sido tan fugaz terminó marcando toda una vida. Puede ser que exista esa conexión intensa de la que tanto hablan? Al día de hoy, algunas veces me encuentro pensando en el, como le ira en esa vida que eligió. Pienso si debería volver a enero del 2019 y elegir distinto. que hubiera sido de mi, si no le pedía que no viniera. las elecciones siempre implican perder.

 Se fue los últimos días de septiembre ( si, soy de las que le pone la "p" al mes, creo que el mundo se divide entre los que si y los que no) me acuerdo porque estaba en la reunión semanal en donde militaba y se que hablaban, pero mi cabeza estaba en otro lado, me acosté tarde y cuando me desperté todas las noticias hablaban del accidente de LAPA, yo solo pensaba si el no estaría en ese avión.

Solo le pedí una cosa de a Alemania, fotos del muro. 

Mantuvimos largas conversaciones por mail, a veces coincidimos en el messenger. parece tan absurdo en estos tiempos de tan fácil conexión explicar lo que era iniciar messenger y esperar con un nudo en el estomago que el también esté. para navidad paso lo inesperado, llego una postal desde Suecia, su letra sus saludos, sus noticias. yo, en esa época una romántica sin remedio al día de hoy tengo esa postal atesorada en algún lado.

En mi vida acá mis viejos compraron una casa, yo empecé con medicina y no podía sacarlo de mi cabeza. fui a una librería compre papel para cartas por avión y escribí muchísimo, de mi casa, de mi habitación, de mi cielo, de mis miedos, de mis sueños. Escribí porque siempre fue mejor que hablar. en febrero llegue de la facultad, agotada, capaz un poco derrotada y ahí estaba el sobre esperándome. El un amante de la tecnología, de los mails, había agarrado lapicera papel, y me escribió de su viaje, de reconocerme, de tocarme, de extrañar. en esa carta que conozco párrafo por párrafo y letra por letra deje mi alma entregada. mi madre me advirtió, ese chico es peligroso, es perfecto mentalmente para vos pero es un robot. 

Cuando decidió volverse, se que me llamo desde Frankfurt, yo no estaba. nunca entendí para que me llamo o porque. luego me dijo que fui a la única persona que lo hizo.

Creo que ninguno de los dos supimos que hacer con lo nuestro. Aun siendo dos adultos que se reencontraron muchos años después.

Algunos años después de casarme, mi marido encontró las fotos del muro, en donde salía el trepado sonriendo y me hizo elegir entre nuestro matrimonio y las fotos. Las rompió delante mío, nunca supo que escondí las postales y las cartas. no necesitaba ver las fotos, las tengo impresas en mi mente, los colores, su sonrisa. Supongo que hay historias indestructibles. 

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