22. Sebastian
Comenzamos el curso de aproximación al alemán en septiembre. Por algún motivo sus amigos dejaron de asistir y así es que quedamos los dos más jóvenes. Él con 22, yo con 16. Empezaba a las 19 y terminaba 20:30, luego él siempre se ofrecía a acompañarme a la parada del colectivo para que esté segura, y ahí nos quedábamos conversando hasta que mí colectivo pasaba y él se volvía caminando despacio a su depto. Era gracioso, simpático. Estudiaba teatro, estudiaba alemán y era un futuro ingeniero en sistemas. Atrayente, sensual. Interesante. Y lo más importante, era muy seguro de sí mismo, eso en una adolescente que está rodeada de jóvenes con su personalidad en desarrollo era lo más sexual que había conocido.
Solo hablábamos, correctos. Un día me pidió mí número de teléfono, por supuesto el fijo, porque los celulares casi no existían. Me dijo que podríamos tomar un café alguna tarde, se lo di gustosa. Ansiosa. Y espere…. Pero nunca nadie llamó. Tampoco volvió a las clases de alemán. Muchas veces a la salida del colegio me tentaba de tomarme el colectivo número 20 que me dejaba en la tecnológica para buscarlo. Me imaginaba a mí misma caminando por los pasillos de una facultad que desconocía gritando su nombre y vernos, reconocernos. Pero eso nunca pasó, nunca tome el 20 y con el tiempo su recuerdo fue quedando atrás, muy lejano.
Una mañana casi tres años después, era verano y yo estaba por entrar al segundo año de la facultad, sonó el teléfono. Atendí y del otro lado de la línea alguien preguntó por mí. Me dijeron que se llamaba Seba que nos habíamos conocido hace algunos años en un curso de alemán, que estaba ordenando su agenda y encontró el viejo papelito en donde yo le había escrito mí número y que se acordó de golpe que nos debíamos un café, que cuando nos juntábamos.
La cita fue un día después, yo usaba un vestido de flores con unas sandalias amarillas, él tenía un jean y una camisa. Nos tomamos un café en sorocabana del nuevocentro, en la mesa de la esquina que da a los pasillos, al lado de la columna. Fue a las 17, volví a casa a las 22. Hablamos de nuestras vidas, de nuestros estudios, hablamos sobre que aún recordaba la ropa que yo tenía puesta el día me conocio. Hablamos de mí compu. Y hablamos de su inminente viaje a Alemania. Tomamos dos cafés cada uno. Y cuando el shopping cerró me acompañó a la parada del colectivo y antes de subir me beso. Un beso que tardó 2 años en darse y 23 en superarse
.
Comentarios
Publicar un comentario