30. La siestas de los miércoles (2018)

 Corría el año 2018 y yo ya estaba divorciada hace un año. Los miércoles los chicos estaban con el padre y yo tenía todo el día para mí. 

Salía en esa época a las 13 del trabajo y corría a mí depto de la calle Campillo, cocinaba algo, ordenaba mí habitación, ponía un sahumerio y me preparaba.

A medida que pasaban los minutos más ansiosa me ponía, era el día más esperado en la.semana.

A las 14:15 me tocaban el portero y yo abría sin dudar quien sería. Ya ahí comenzaba un pequeño ritual de almorzar tranquilos, hablar de las cosas que nos habían pasado y luego muy despacio llevarnos a los besos hasta la habitación. El pequeño pasillo que comunicaba el comedor con la habitación iba quedando regado de distintas prendas, en verano algunas escasas, ya con el frío muchas. Los besos penetraban cada pedazo de nuestra piel, la que siempre exhibimos y la piel que solo mostramos en los momentos más intimos. Demás está decir que la habitación se inundaba de voces en tonos muy bajos, de aromas y oxitocina, cada encuentro era único,llevándonos a terrenos desconocidos del placer. Luego llegaba el momento del éxtasis y la recuperación. Los miércoles de por medio del 2018 había tiempo suficiente para dormir una hora de siesta sin apuros, y así quedabamos desnudos de ropa, de emociones, de culpa. Con su pierna cruzando mí cuerpo, sin moverme, temiendo que cualquier movimiento o respiración muy fuerte terminara con la maravilla de ese momento. Luego despertamos y volvíamos al.placer desmedido, al encuentro de las lenguas y los sabores. Luego bañarse, despedirse y continuar con la vida diaria. Cada uno con sus vidas y sus obligaciones, con lo real, con lo fingido. Un oasis de realidad en solo una siesta.



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