Las fotos de la (in) felicidad
Hoy facebook me recuerda que hace 8 años Francisco fue al hospital con un ramo de flores hermoso y una torta por el día de los enamorados. Sacamos mil fotos y todo el mundo comentó lo maravilloso que era el, lo afortunada que era yo. El deseo de tener una pareja como la nuestra, lo que el mundo de las redes sociales no sabía es que habíamos pasado todo enero sin hablarnos, que después de nochebuena nos bajamos del auto y el me insultó que me tiró la billetera por la cabeza y que yo pase un mes durmiendo en la cama de Santi. Que tres meses después nos separamos y que detrás de esas flores solo quedaba deseo ilógico y miedo a perder lo poco que se tenía. Pero las fotos están hermosas.
Hoy veo fotos de tanta gente que ya no se ama, que capaz nunca se amó pero que conviven diariamente con ese mismo miedo. Gente que durante el año lloran porque los trataron mal, los engañaron o simplemente están con un desconocido. Que se eligen, si, más que por amor por miedo a quedarse solos. Gente que tiene en sus perfiles fotos familiares de felicidad, pero por detrás escriben a otros mientras la pareja cierra los ojos, siempre por miedo de no ser suficiente, suficientemente bonita, inteligente, independiente, capaz. Cómo si en la vida tuvieramos que ser suficientes, somos lo que somos, no para satisfacer a nadie, para buscar nuestra felicidad.
Yo sé que no soy lo suficientemente ordenada, flaca, fitness, soy por ahí muy neurótica y tengo grandes problemas con el temita del control. No espero ser distinta, espero que el otro sea seguro para no huir cuando yo no te necesite. La foto perfecta no existe, la vida perfecta no existe, el amor perfecto no existe, la persona perfecta no existe. Tal vez necesitamos esas fotos de supuesta felicidad y amor para sentirnos amados, tal vez tenemos demasiado miedo a nosotros mismos. Tal vez he visto tanta falsedad en el amor que me he vuelto cínica. Tal vez ya no necesito una foto con rosas y un cara de sorpresa, tal vez solo necesito un café con dibujitos en medio de la tormenta. Un almuerzo cuando solo quiero llorar y un paseo en auto cuando solo se puede estar aislado. Tal vez y solo tal vez el amor se demuestra de a dos y solos sin una red de gente que no sabe ni le interesa que seas muy infeliz.
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