Los finales no contados

 Siempre supe el momento exacto en que una relación no iba a continuar. No es que vaya por la vida teniendo todo tan claro que podrían considerarme un gurú. No, nada de eso. Muchas supe el momento del final y aún así continué, como son por arte de magia los sentimientos que se relacionan a ese final podrían desaparecer mágicamente. 

Con mi primer novio oficial fue una tarde en que el tocaba en una peña, creo que era una peña escolar, fuerte sonaba la voz del cantante diciendo: aunque me duela el alma, tan solo pienso en irme, no quiero estar mañana crucificado y triste. La cantaban y yo l cantaba despacito, como un rezo, como un mantra mirándolo. Yo sabía que eso había llegado al final, se lo dije más tarde esa misma noche. El me pidió una oportunidad, lloro al lado mío. Nos dijimos que nos amabamos y me quede. Me quede sabiendo que eso ya tenía fecha de fin. Por supuesto termino un mes después. El me dejó a mi, me costó 10 kilos menos,un año de duelo y otras personas que quisieron amarme y yo no pude. Lección aprendida: un clavo no saca a otro clavo, solo hace muchos agujeros en la pared.

Con Francisco el día del final fue la mañana en qué saque el primer certificado de discapacidad de mi hija. Estaba frío y muy gris. Yo esperaba que me llamarán para hacer ese maldito papel, ella jugaba. Francisco trabajaba a dos cuadras, lo llame para que me acompañará. Sentía que me asfixiaba. Solo deseaba largarme a llorar, solo quería ser por esa vez la que era abrazada, contenida. Solo quería ser frágil, vulnerable. Solo quería explicarle que todos mis sueños se iban y no sabía adonde. Quería explicar de las conversaciones que había imaginado y nunca iban a pasar. Quería llorar por todo lo que no podía ser. Pero el no fue, dos cuadras y el no fue. Me mandó un mensaje a la tarde preguntando de la cena que yo ya tenía resulta. 

Dos años después cada vez que discutíamos, cada vez que daba otra oportunidad a ese matrimonio que había que pelear, siempre me venía ese sentimiento de soledad que nunca me dejó del todo. Ya no había vuelta, el daño de esa mañana fue irreparable. Lección aprendida: una pareja no te asegura sentirte acompañada. 

Supe exactamente el día que se terminó con Sebastián, un viaje planeado, una semana para nosotros. Nunca habían pasado esto. Siempre que mis padres, que las parejas, que esto,que aquellos. Y está vez era una semana en casa. Lo llame dos días antes, el hombre que realmente quería me necesitaba y estaba ahí, para mí. Le pedí que no viajara, le expliqué. El aseguro entender, pero algo se quebró para siempre. Después vino la pandemia, Espero y ya nada había dispuesto a reconstruirse. El otro hombre no me eligió. Perdí 8 kilos, el apetito y la autoestima. En el medio mi garganta se quedó muda y las lágrimas cubrieron todo. Lección aprendida: siempre tener cuidado con las elecciones, pueden decidir el resto de tu vida. 

Con el último también supe el final, el día y la hora. Fue en noviembre a las 19:30 aprox. Sali a cargar nafta y su auto estaba estacionado en la casa de otra mujer. Le escribi que hacía, no me respondió. Llegué a casa y me llamó, le pregunté que andaba haciendo me dijo que unas fotocopias y después a su casa. Mi tono de voz cambió, nunca entendí para que mentirme, eramos libres, sin etiquetas, sin obligaciones, sin ataduras y el, el eligió mentirme. Se dió cuenta inmediatamente que yo sabía. Me llamó 20 veces, me rogo por hablar, me insistió dos horas hasta que accedí. Lo escuché como se excusaba, como me decía que me queria y vaya a saber que cosas pensó que yo necesitaba oír. Lo mire y supe inmediatamente que nunca más las cosas volverían a ser como eran. Duramos unos meses más, yo solo veía desconfianza. Si nada nos unía nunca hubo que mentir. Lección aprendida: la confianza es la base de toda relación y no se recupera más.

Creo que todos sabemos cuál es el día en que la cabeza nos dice: ya lo más. Elegimos quedarnos o elegimos irnos. Pero la relación nunca va a volver a ser lo que era. Que lección te da 

esto?


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