Un jardín lleno de conejitos

 La primera vez que supe algo de esa muerte que lo torturaba desde casi 30 años fue una noche como a las 2 de la mañana. A veces las noches de los sábados nos encontraban despiertos y solos y nos poníamos de acuerdo para empezar una película en el mismo momento e irla comentado por mensaje. Así me enteré, cómo de refilón de lo que había pasado. Sin saber que contestar, sin la posibilidad de un abrazo o al menos un roce de manos, no se que estupidez habré dicho. Siempre fui tan mala para expresar en el momento e

lo que siento. 

Luego a lo largo de los años fue tirando algunos datos al azar. Que yo iba agarrando, cómo que repartía pre pizzas o que le gustaba ir de camping a Flor serrana. 

Pero entendí todo cuando viajamos a Bs As.  La segunda noche salimos a pasear por la gran ciudad, entramos a un barcito en San Telmo y pedimos dos hamburguesas. Demás está decir que tardamos dos horas en comerlas y yo dejé más de la mitad. Esa noche me contó de el, de lo que había significado. De las cosas que amaba. De las cosas que lo habían destruido. Del gran vacío que dejó, de la música que le gustaba. De cuanto todavía lo extrañaba, de cuanto tenía para decirle. De como le gustaba para la primavera plantar conejitos y alegrías del hogar en el jardín de la casa. De como cuando veía esas flores lo recordaba. Pienso que esa noche dejamos ir un fantasma de mucho dolor. Con el tiempo fue hablando de el mucho más, yo sentí que le había perdonado que internamente se amigo con esa imagen hermosa. 

Hoy me acordé de el, porque es el día de la concientizacion del suicidio y no puedo evitar pensarlo. Hoy, lejos espero que esté bien, que se quede en el recuerdo de los jardines llenos del aroma a flores y de tanta música, naturaleza y amor que recibió. 


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