Unos aros del principito
Hace ya varios años viajamos a Buenos Aires, uno de tantos viajes que planeamos hacer. Creo que el viaje por la ruta 40 ya no va a darse.
El avión nos dejó muy temprano en la inmensa jungla de cemento un domingo. No había nada abierto, el hotel tenía el check in como 8 hs después. Nunca entendí por qué los check in son tan tarde, que se supone que uno hace? Desayunamos y salimos a conocer el famoso barrio de San Telmo. Se supone que es un barrio de hippies y bohemios, vimos armar los primeros puestos en la feria del domingo y después de un tiempo la feria se lleno de vida, de cosas. Pasamos por el puesto de los soldaditos de plomo. Recuerdo que de chica lei un cuento del soldado de plomo. Eran una belleza, el precio imposible. Me probé un tapado de visón usado, que extraña me sentía, tan fuera de mi onda. Imagínese que mi saco favorito es uno de lana de colores que ahora tengo puesto.
Llegamos a la tumba de Belgrano dentro de la iglesia, que emoción. Belgrano y San Martin me mueven fibras que no creo que la gente entienda.
Y ahí, en un ratito desapareció. Apareció dos puestos después con un pequeño paquetito de papel y me lo dió junto con un beso. Ahí, bien guardaditos estaban una aros del Principito. Me los puse inmediatamente y me los saque un año después cuando uno se me rompió. Caminamos de la mano por la gran ciudad durante tres días.
Ya los aros no existen, tampoco estamos de la mano y ese amor que tuvimos tampoco existe. El tiempo se llevó todo con el, las vueltas de la vida hizo que estuviéramos de lados opuestos. Pero en casa tengo todavía uno de esos aros, me recuerda que alguna vez nos quisimos y andábamos por el mismo camino...de la mano.
Comentarios
Publicar un comentario