Van Goh
Llegó a mi vida el sábado 17/1 a las 15 hrs. Lo vimos debajo de una cama, no parecía respirar. Parecía muerto. Lo dejamos al lado de la madre y en unos minutos lloraba y se movía. Le pusimos Lázaro, porque el nombre le iba justo. Revivió de la nada. Al otro día su madre lo intento matar, lo salvamos con una orejita colgando. De ahí su nuevo bautizo. Van Goh siempre fue más lento que sus hermanos. Los otros tomaban mamadera, se la devoraban y el tomaba con mucho trabajo con una jeringa. Le hacía masajes para enseñarle a succionar. Las noches en que estaba cansada solía decirle que en la naturaleza real, el no estaría vivo. Con el tiempo aprendió a succionar, y demoró un poco más y aprendió a caminar. Siempre el más pequeño. El más débil de la jauría, era solitario. Cuando todos iban juntos, el se iba a meter debajo del jazmín, fresquito y a la sombra.
Hoy se fue, convulsionó y lloró del dolor. Un problema neurológico de nacimiento. Tal vez la naturaleza es sabía y el no debería haber renacido. Tal vez no era su destino vivir. Tal vez es enfrentarse con la propia mortalidad o la mortalidad de los que amamos. Van Goh era perseverante, merecía vivir. Hoy se me fue. En mis brazos. Sentí que el corazón me daba un vuelco. Debe ser que para eso sirve una pareja, para darte la mano a vos mientras vos le das la mano a tu perro que se despide. Adiós querido Van Goh, espero que juegues mucho en el cielo de los perritos,te lo ganaste.
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